Wednesday, July 12, 2017

LA PARÁBOLA DEL ATEO. (Por Juan García)


En una familia religiosa, dentro de una ciudad religiosa, esperaban con ansias el nacimiento de un nuevo integrante, quien fortalecería los lazos familiares y a la propia comunidad. Felizmente nació un niño a quien le brindaron todas las atenciones y cuidados que los niños necesitan.
El niño creció y pronto mostró su curiosidad por conocer todo lo que le rodeaba al mismo tiempo que recibía la educación religiosa que sus orgullosos y benevolentes padres consideraban necesaria para su futura formación e integración a la sociedad como adulto.  

Su INTELIGENCIA precoz lo llevaba a investigar objetos y juguetes más complicados, pero mostraba cierta desconfianza y recelo de la parafernalia religiosa, por ejemplo le parecía extraño que los sacerdotes se vistieran como las mujeres, con un vestido negro y largo hasta los pies, tampoco le encontraba mucho sentido el arrodillarse en una iglesia y murmurar frases que no entendía. Escuchaba con demasiada frecuencia una palabra que parecía muy importante para todos, menos para él, porque como niño que era, no podía entender qué significaba esa tan mencionada palabra que era DIOS.  ─Es solo un niño─ decían sus padres.

Aprendió a leer y escribir como todos los niños, pero en la adolescencia empezó a comprender cosas que antes no podía, empezó a entender conceptos abstractos como las matemáticas, las cuales son solo una herramienta para abstraer y entender un mundo complejo, que el lenguaje es impreciso y lleno de malos entendidos, etc.

Sus padres empezaron a preocuparse por la actitud de su hijo, pero consideraban que su renuencia a ir a la iglesia y rezar, era propia de todos los adolescentes que se mostraban un tanto rebeldes ante la autoridad paternal y religiosa. 

Poco a poco el adolescente empezó a investigar con profundidad eso a lo que llamaban dios, ese dios que debía ser algo muy importante puesto que todos en la comunidad lo veneraban y repetían su nombre constantemente en cada conversación que escuchaba. Con su acostumbrada curiosidad indagó y encontró otra palabra que le llamo la atención, esa palabra era ateo, buscó su significado y encontró que era una persona sin-dios, lo cual era totalmente contrario a las personas de su familia y la comunidad que sí tenían dios. Un escalofrío recorrió fulgurante por su imberbe cuerpo y quedó sorprendido al DESCUBRIR que esa persona sin-dios era él mismo y que no había otra persona conocida que fuera también ateo como él para que le pudiera ayudar, por lo que debía continuar sólo en la búsqueda por saber qué era eso a lo que llamaban dios y por qué él y solo él era un sin-dios, qué era lo que él tenía que le impedía tener dios a pesar de vivir en una familia y comunidad religiosa.

Empezó a observar en los ojos de las personas un cierto temor a lo desconocido y lo inexplicable, por ejemplo a la muerte, los accidentes las enfermedades, los desastres naturales, etc. y veía que las gentes se arrodillaban y suplicaban con oraciones que dios los protegiera de esas calamidades y después de eso observaba que se sentían más tranquilos. Al analizarse honestamente a sí mismo se dio cuenta que él también sentía temor a lo desconocido y lo inexplicable, sin embargo, no suplicaba a dios alguno que lo protegiera y se preguntaba ¿Por qué a pesar de sentir temor, no puedo pedir a dios alguno que me proteja?

Usando su inteligencia para hacer razonamientos verdaderos llegó a la conclusión de que el temor que hacía que sus familiares y amigos necesitaran de un dios era precisamente su falta de VALOR para superar ese temor y así afrontar las vicisitudes de la vida, sin embargo, a pesar de que él mismo también sentía temor, su valor era más que suficiente para prescindir de dios alguno. También encontró que eso a lo que llamaban dios no era otra cosa más que un pensamiento, que dios era producido por ese sentimiento o actividad psíquica de temor.

Finalmente reconoció que socialmente es inaceptable que una persona no tenga valor y se le señala y degrada con diatribas y adjetivos ofensivos como cobarde, afeminado, collón, gallina, etc. y en consecuencia rechazará su carencia de valor y que su dios no es un pensamiento o actividad psíquica, sino que es algo extra-mental.

Desde entonces el ateo comprende, acepta y respeta a las personas que necesitan de un dios en su vida, considera que es inevitable la protección divina que esas personas necesitan y que además son sus familiares y amigos.

Saludos cordiales.
MORALEJA: El que nace para ateo ni aunque dios lo tiente lo hace teodependiente. El que nace para teodependiente, cualquier dios será suficiente.


Nota: El caso contrario, es decir un teodependiente surgido de una familia atea, lo pueden consultar en el trágico y dramático caso de “La Mujer Más Odiada en USA” en donde Madelyn Murray O’Hair, fundadora de http://www.atheists.org/ y atea militante, su hijo Bill Murray es pastor de una iglesia bautista.

 
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