Wednesday, December 21, 2011

NIÑOS VERSUS ADULTOS.


Es perfectamente entendible e incluso es aceptable que en la mayoría de los casos se alienta a los niños a creer en Santa Claus o los Reyes Magos para que le escriban su cartita de regalos…

Es perfectamente entendible e incluso aceptable que un niño tenga amigos imaginarios y se comunique con ellos, haciéndolos partícipes de sus juegos infantiles…

Es perfectamente entendible e incluso aceptable que un niño pueda sentir un terrible miedo a ser abandonado y se aferre y refugie en la seguridad y protección de los padres…

Es perfectamente entendible e incluso aceptable que un niño adopte un fetiche como una frazadita o un juguete, el cual lo trae consigo día y noche y no lo suelta ni para lavarlo…

Sin embargo cuando un adulto siente miedo ante lo desconocido, lo impredecible y lo inexplicable y necesite creer en algún amigo imaginario (divinidad, deidad o trascendencia) por quien se hinca y le reza pidiendo su protección, vistiendo permanentemente algunos colgantes religiosos como cruces, medallas, amuletos,  llaveros, etc. entonces algunas personas consideran que eso está prohibido y que por el simple hecho de ser adulto no debe sentir miedo alguno, ni acudir a un amigo imaginario para sentir seguridad.

En realidad, tan perfectamente normal es el comportamiento del niño como el del adulto creyente en relación a la necesidad de los amigos imaginarios, ellos son parte de la psicología del creyente y le brindan la estabilidad emocional necesaria para vivir su vida normalmente. El problema en realidad es de tipo social y es la sociedad la que considera que el adulto no debe tener temor y mucho menos venerar a un ser imaginario para que le dé protección y seguridad.

Seguramente este estereotipo social tiene su origen en la época en que los seres humanos estaban en permanentes luchas a muerte con las sociedades vecinas y se requería de hombres que pelearan y ofrecieran su vida a cambio de salvaguardar la sociedad en general e instituyendo la consigna falaz de que los verdaderos hombres solo eran aquellos que no tenían miedo y los que sentían miedo eran unos cobardes. De esta manera el adulto que necesita de algún dios, divinidad o trascendente se le reprime para ocultar la vergüenza de necesitar un amigo imaginario y le inventan cualquier cantidad de explicaciones y recurran a las falacias ad hoc y de cosificación para que su creencia y sus amigos imaginarios parezcan algo tangible, palpable, REAL y no lo recriminen como infantil por comportarse como los niños con amigos imaginarios.


Saludos cordiales.

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