
En esa etapa infantil es cuando se empieza dramáticamente a tener conciencia de lo horrible que es la soledad de uno mismo y se busca desesperadamente la poderosa y salvadora protección paternal.
Pero no todos los niños muestran ese comportamiento extremo ante el abandono y la soledad como lo describen Mary Ainsworth, et al, en su famoso experimento plasmado en el libro “Patrones de Apego: Un estudio Psicológico de las situaciones extrañas” http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Ainsworth clasificando el comportamiento de los infantes en:
a) Apego seguro (Secure attachment)
b) Apego ambivalente (Anxious-ambivalent insecure attachment) y
c) Apego elusivo (Anxious-avoidant insecure attachment)
Las diferencias individuales entre estos tres tipos de comportamiento, se considera que son originadas por el temperamento o carácter de cada ser humano y esa es la razón por la que los niños tengan diferentes temores y en diferente grado.
Estos comportamiento infantiles son muy similares a los mostrados por los seres humanos en su edad adulta con respecto a la poderosa y salvadora protección de una divinidad, deidad o dios, así, los creyentes serian del tipo (a) o apegados a Dios, los agnósticos del tipo (b) o apegados a Dios en forma ambigua y los ateos del tipo (c) o Desapego elusivo o evasivo a Dios. Estas coincidencias no son casuales ya que forman parte del desarrollo intelectual infantil y del desarrollo de las filiaciones intelectuales (ateo, agnóstico, creyente).
En el estado adulto el temor a la soledad se hace mas intenso porque se

agrega otro conocimiento insoportable, la vejez y sus inexorables consecuencias como la pérdida de comunicación con el mundo exterior al perder la vista, el oído y la movilidad, para solo después morir solos en nuestra propia soledad, tal y como magistralmente nos lo muestra García Márquez en sus “Cien Años de Soledad” en donde José Arcadio Buendía primero de la extirpe y fundador de Macondo, pasa la vejez y la muerte amarrado, primero literal y después psicológicamente al tronco de un castaño, hablando consigo mismo y diciendo incoherencias a los demás, en un estado de completa inocencia, concluyéndose que nacemos solos y morimos solos.
Otro premio Nóbel de literatura que nos habla de la profunda soledad, es Octavio Paz y su libro “El Laberinto de la Soledad” en donde dice: “El sentimiento de soledad, por otra parte, no es una ilusión -como a veces lo es el de inferioridad- sino la expresión de un hecho real: somos, de verdad, distintos. Y, de verdad, estamos solos “
Concluyo que el temor a la soledad es terrible, insoportable, pero perfectamente natural y humano y no por ello debe convertir a unos en privilegiados por superarlo o desgraciados a otros por necesitar una idea (dios) que los proteja emocionalmente.
¿Acaso es un delito o una falta muy grave reconocer públicamente nuestros temores como para sentir vergüenza de ello y ocultarlo?
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